viernes, 27 de noviembre de 2009

ESTO ES EL COLMO por osvaldo raya

De regreso en Miami, un amigo me conto que a su paso por La Habana, estuvo conversando con un medico del municipio Playa que se quejaba, en voz baja pero airado, de que a su pequena hija y a todos los ninos de su escuela primaria --y posiblemente a los del resto de las escuelas del municipio-- los maestros le exigen que les pidan a los padres una donacion en divisa de unos 1.95 dollares americanos, nada menos y nada mas que para comprar armas.... Dios mio, esto es el colmo! Huelgan los comentarios cuando se sabe el hambre que hay en Cuba y lo dificil que le resulta al pueblo conseguir tal moneda que es incluso la unica aceptable para comprar los productos de primera necesidad. Cuanto mas van a exprimir a ese sufrido pueblo!

Yo invito a todos los que pasen por La Habana a comprobar lo que estoy denunciando aqui.

domingo, 15 de noviembre de 2009

LA LIBERTAD por osvaldo raya

Siempre hay una voz que dice «no.» Yo no la escucho. Y hay tijeras para cortar las alas. Y manos tenebrosas que apagan la luz y cierran todas las puertas. Pero el que no busca la luz de afuera porque la sabe dentro de sí, es el que ve. Y el que logra ser libre. Posible y verdadera es la libertad, cuando se vuelve uno hacia uno mismo y se lanza a estas dimensiones viscerales, a por otro sol más luminoso y otro espacio donde pululan estrellas intestinas.

Digo que la experiencia más inolvidable de mi vida –la más impactante–, no fue haber pasado por las angustias de sentir, en carne propia, el azote de la represión y la persecución por parte del sátrapa que todavía gobierna en mi país; sino haber hallado finalmente el consuelo de saberme poseedor de un universo propio, capaz de superar a cualquier otro universo de la vida de afuera, tan hostil a la libertad y muchas veces falso. Gracias a Dios, adentro de uno, habitan también los jilgueros y cantan, éstos, a pesar de la mordaza. Siendo así, ven la luz los ojos de los que buscan la luz, aun vendados o sometidos a la tenebrosa oscuridad de un calabozo. Los tiranos subestiman la fortaleza del espíritu humano. Los que pretenden avasallarnos, desconocen, en su soberbia y su ignorancia, el poder de la divinidad que se incuba en cada cual y la anchura del alma de los hombres.

Descubrí que soy libre. Que si me detengo en lo mío, soy libre y poderoso. Que soy invencible. Lo comprobé de un golpe cuando estuve encerrado tres días –que fueron para mí como trescientos–, sin ver el mar, en la celda número dos, en un cuartel de la costa, allá en La Habana, en el mes de junio de 1992… Pero el mar, en sí, lo traía conmigo y alcancé a contemplarlo y a disfrutar de él; aun tras los barrotes y la tapia de acero. Navegué, pues, en mis propios océanos. Y es que cárcel no es únicamente la ergástula en la que un gobierno despótico encierra a los que se le oponen. No: también es la casa enrejada que a veces llevamos a todas partes para encerrarnos por propia voluntad, como un auto-castigo; de modo que vamos por la vida cual un caracol que quisiese disimular su carga.

Es increíble; pero uno llega darse cuenta de que uno mismo es el tirano. Mas feroz y más cruel que el tirano de afuera. Afírmese, mejor, que la libertad deberá entenderse, desde una visión abarcadora y profunda, como algo de lo que no nos puede privar un carcelero, sino uno mismo. Los tiranos no tienen más poder que el que nosotros le damos, al no creer propiamente en el nuestro y creer en que sí, que son poderosos los tiranos. No. Nadie debe pedir la libertad a nadie. Ni culpar a otros de haberla perdido. Ser libre no depende de las decisiones ajenas. Debemos empezar por reclamarnos a nosotros mismos la libertad que nos falta y por derrotar, primero, esos opresores que viven como parásitos en lo más intrincado y hondo de nuestra propia persona.

Es hora ya de dejar de lamentarnos por las circunstancias de adversidad y penurias provocadas por el poder malévolo de algún caprichoso gobernante o algún familiar o un jefe o cualquiera que tuviese la intención de molestarnos e impedirnos la felicidad. Es la hora de vernos por dentro. De reconocer las vallas propias, los muros de la sangre, los alfileres que recorren nuestras venas e intestinos. Los miedos, los odios, los prejuicios, las culpas, las incapacidades y hasta la falta de arrojo para acometer la vida y esa falta de fe en nosotros mismos.

Reconozcamos que, en alguna medida, todos seguimos soportando penosas limitaciones. Limitaciones atizadas por uno mismo. Alguien, so pretexto de protegernos, nos inyectó silenciosos enemigos, dosis demasiado altas de desconfianza y paranoia. Algo como ciertas convenciones absurdas, tradiciones fuera de contexto, estatutos ridículos con los que se supone que debemos acometer la vida social, sexual o doméstica. Y hasta las escuelas, nos envenenan, sobre todo, cuando tienen el propósito prefijado de lavarnos el cerebro.

Desde niños, nos han ido inoculando secretos tiranuelos en la sangre.

La libertad no está completa sino no se mueven a gusto y bailan en nuestras honduras las facultades de las que fuimos dotados por Dios. La redención primera es intestina, visceral. Porque la libertad comienza el mismo día en que descubrimos nuestra propia esencia. Somos libres tan pronto como nos enteramos de que es posible la divinidad humana, lo cual nadie podrá poner bajo siete llaves. Nadie encierra a Dios ni nadie acallará ni matará a los poetas. La Poesía es un proceso liberador, imparable y eterno. Puede decirse que aquellas filosofías que descalifican la trascendencia humana, son las mismas que obstaculizan la libertad. Siéntese muy libre el hombre que sabe que hay más, más allá. El que sabe que no sólo debe trabajar el hombre para ganarse el pan sino que otros trabajos tiene, como Hércules, la criatura humana. El hombre debe prepararse para ocupar un sitio en la eternidad. El hombre debe trabajar, cada día, para ser libre definitivamente.

Cada quien conquiste para su individualidad, poco a poco, la libertad de lo divino. Luego aportaremos de nuestra humilde divinidad a la patria y al mundo.

Muchos cubanos sufren la tiranía y pagan muy caro el reclamo de sus derechos. Pero la cruenta represión no acaba con la muerte o desaparición de los represores. Ni con el advenimiento de un gobierno democrático. Ni con huida del país o con la fuga de la cárcel o de la casa de férrea tiranía familiar o con renunciar al empleo donde había un jefe soberbio y despectivo. Nosotros decidimos cuándo se acaban nuestras limitaciones y cuándo es que vamos a ser libres. La libertad es el pleno conocimiento de nuestras necesidades y de nosotros mismos. Es esa toma de conciencia del poder que ejercen en nuestras vidas las propias facultades creadoras, con lo cual se nos facilita trabajar más eficientemente por nuestra felicidad.

La libertad no es para todos. Es para quienes sienten que la necesitan porque se saben capaces de dar empleo a sus capacidades y habilidades, de acometer el riego de sacrificar cualquier comodidad ofrecida por el paternalismo de otros y emprender la tarea de sacar de sí mismo las fuerzas y el arrojo para la autogestión.

El pajarillo no quiere salir cuando el amo, que es el absoluto proveedor, le abre la portezuela de la jaula porque no se sabe capaz de buscar por sí mismo provisión. La esclavitud es merecimiento de los incapaces. La libertad es, por el contrario, merecimiento de los que creen en sí y en sus capacidades. Los tiranos saben esto y nosotros debemos saberlo también.

sábado, 7 de noviembre de 2009

LA ADVERTENCIA DE CERVANTES Y EL QUIJOTISMO DEL CHE GUEVARA por osvaldo raya


Al desestimar el libro mayor de nuestra cultura, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, los españoles y los latinoamericanos nos estaríamos perdiendo un tesoro del pensamiento más moderno y vigente. Sobresale en estas páginas precisamente el deseo de alertarnos de aquéllos quienes se erigen defensores del hombre –sin permiso de éste– y que, mientras lo embarcan en una aventura desestabilizadora y criminal, so pretexto de ideales de igualdad, pisotea su libre albedrío y subestima las prioridades de su individualidad, pasando por alto sus necesidades más inmediatas y apremiantes, y hasta su modo de satisfacerlas. En la historia, contemporánea no fue difícil seducir a las masas –y engañarlas– con los cantos de sirena de la propaganda comunista, tan parecidos a aquel cuento de la llamada Edad Dorada, a la que se refería el caballero cervantino ante aquellos cabreros que lo escuchaban. Si Sancho hubiese aceptado la invitación de Don Quijote, a fin de que aquél se sentase junto a éste, como iguales, en el banquete con los cabreros, el simpático y desenfadado escudero –desentendido de los buenos modales a la hora de comer– habría tenido que, condicionado por los principios igualitaristas, someterse y asumir los modales de su patrón quien jamás se habría rebajado a aceptar los de su escudero para igualarse. Habiendo sido así, Sancho Panza no habría podido comer, sabrosamente, a su libérrima manera. El gordinflón dotado de natural y espontánea sabiduría, escogió –para fortuna suya–, ante la opción de la igualdad, la libertad. He aquí una loa a las libertades individuales y una condena a la hipocresía de los que proclaman la igualdad. Queda claro en este texto excepcional que la libertad es preferible a la igualdad.

La obra magnifica de Cervantes –El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha– muestra el apego del hombre a la libertad y el derecho que cada cual tiene de correr su propia suerte y vivir a su modo y en su mundo; escogiendo, cada cual por sí mismo, el camino que cree que le conviene. Porque nadie, ni al más intrépido y loco caballero, podemos permitirle la dirección de nuestros destinos. Mucho menos la defensa de nuestros más profundos intereses ni la tarea de escoger por nosotros lo que nos conviene. Y hay que desoír los encantamientos de los discursos populistas que atizan con sus consignas la igualdad, en claro detrimento de nuestro libre albedrío.

¡Y qué bien fundada estaba la advertencia de aquel libro de aventuras! Pero la humanidad no entendió bien la alarma ni no supo leer bien la profunda profecía. He aquí las palabras extraídas de una carta pública de un connotadísimo aventurero de la revolución tercermundista de los años ‘60 a quien muchos jóvenes –indiferentes o ignorantes– exhiben en sus camisetas e insisten en reverenciar como un símbolo de la emancipación social. Cito: «Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, y vuelvo al camino con mi adarga al brazo.» Lo que no saben muchos, o no quieren saber, es que el autor de estas palabras era un asesino quien, abusando de su poder y actuando de acuerdo con la convicción revolucionaria, mandaba a fusilar –y hasta asesinaba personalmente–, en los cuarteles de La Habana, so pena de traidor, a todo el que tuviese una idea disidente. El Che Guevara era un criminal. Y no es mi punto de vista. La evidencia es la herida difícil de sanar en aquellas miles madres y esposas que perdieron a los suyos frente a un pelotón de fusilamiento o en las mazmorras comunistas.

Ah… pero Cervantes ya nos había hablado de estos locos! Ya habíamos sido avisados de las revoluciones y de los revolucionarios. Este aviso no fue entendido por los franceses que aplaudieron la toma de la Bastilla ni por los que celebraron el advenimiento del poder de los rojos en Rusia ni por los cubanos que, hechizados por las barbas románticas y el discurso populista, abrieron las puertas de sus casas y de sus vidas, a una banda de rebeldes y criminales. Hay muchísimos tontos que, a pesar de la alerta, siguen dando crédito a la tendencia quijotesca y apoyan a la Revolución Cubana, totalitaria y brutal. La obra magna de la literatura de nuestra lengua es una fuerte defensa a esa libertad individual, por encima, incluso, de la igualdad.

Y bueno, es lógico que el propio Che Guevara se comparase a sí mismo con Don Quijote, aquel caballero que siempre iba adonde no lo llamaban y a quien nadie le pidió sus servicios de caballería.
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miércoles, 4 de noviembre de 2009

AMIGOS LECTORES

tengo serias dificultades tecnicas a la hora de postear aqui en mi blog... desconozco aun como resolver estos problemas... en tanto pido que me excusen por unos dias
gracias

miércoles, 28 de octubre de 2009

LA BIBLIOTECA DEL FUNCIONARIO por osvaldo raya

Por esas raras circunstancias de la vida, en 1988, fui a parar a la biblioteca privada de alguien que actuaba en la sociedad cubana bajo la fachada de un funcionario que tenía la responsabilidad de asesorar y orientar a individuos interesados en el arte y la literatura. Por las manos y los ojos de este supuesto profesional del Ministerio de Cultura pasaban cientos y cientos de obras de teatro, de poemarios, de libros de cuentos. Los jóvenes se acercaban a él con absoluta confianza para confesarse y drenar su descontento de artista censurado y reprimido. Este dirigente de postura flexible solía mostrarse criticista y muy irreverente ante la política oficialista, con lo cual creaba el caldo de cultivo para conocer las disidencias de los nuevos intelectuales. Pero aquél tipejo no era otra cosa que un agente encubierto de la Policía Política, una especie de Fouché caribeño.

Resulta que su hijo era mi alumno y tenía muchos problemas de redacción y ortografía y un día se me acercó y me invitó, de muy buena fe, a su casa a comer un fin de semana con su madre y su padre y a que, además, en tal ocasión, yo le repasase ‒a él y a su hermana‒, varios tópicos de Gramática Española de la que deberían examinarse en unas pocas semanas. Así fue. Compartí con aquella familia un poco disfuncional y rara, entre los chistes de mal gusto y los palabras soeces del padre, que varias veces provocaron el visible sonrojo de la madre y de los propios hijos quienes trataban de atenuar aquellas estridencias brindándome más ensalada o más frijoles o insertando algún forzado comentario sobre las virtudes de la lengua española.

Como la mayoría de los agentitos estos de la Seguridad del Estado, no soportan estar demasiado tiempo en el anonimato sin al menos alardear un poco de sus poderes y posibilidades y revelar ciertos secretos y provocar el asombro de la audiencia, no faltaron en la mesa revelaciones extraordinarias. El cabeza de familia se sentía todo un pavo haciendo anécdotas en las que inflaba su rol y su capacidad para engañar y vejar a quienes él consideraba su enemigo. Ese día, ‒sin que yo se lo pidiese‒ me contó cómo en los concursos literarios siempre las obras que competían se sometían a dos jurados: uno era el que se anunciaba oficialmente en la prensa y otro fantasmal, de corte policiaco, que, tras bambalinas, se encargaba de censurar y eliminar a quienes no cumplían los requisitos de lealtad política y de abyección al régimen comunista. Al cabo, los trabajos ganadores habían pasado por rigurosos filtros que garantizaban la pureza revolucionaria y la limpieza de presuntos mensajes sutiles o subliminares en contra de la sociedad socialista o de sus dirigentes. Ya se sabía, aún sin ser leídas en su totalidad, cuáles de las obras presentadas convenía al Partido Comunista y a la Revolución que obtuviesen los primeros lugares. Siempre, por supuesto, se investigaba en los ficheros secretos del aparato represivo nacional a cada autor.

Luego de la comida y la charla ‒o más bien del largo monólogo‒ del retorcido funcionario de la cultura, por fin pasamos a la biblioteca solamente mi alumno, su hermana y yo. Y estudiamos Gramática. Cuando terminamos, reapareció el indeseable personaje para invitarme a que le diera un vistazo a toda aquella larga estantería de libros; a fin de poner a mi disposición los que yo escogiese. Yo, que ya estaba harto de aquel tipo tan atorrante ‒como dicen los argentinos‒, hice de tripas corazón y fingí no interesarme por ninguno; con tal de irme lo más rápido posible de aquella casa. Pero el señor insistió y no me quedó más remedio que repasar librero. Incluso, me dejaron solo para que yo me tomase mi tiempo y escogiese con tranquilidad cuál o cuáles me llevaría de préstamo. Yo sé que mi selección revelaría mis intereses y mis inquietudes; así como igualmente era reveladora de la personalidad oscura y oportunista de su dueño aquella colección de títulos proscritos y polémicos. Estaba en la biblioteca de vulgar esbirro del gobierno.

Durante un buen rato estuve hojeando alguna de estas rarezas a las que un intelectual común no tenía mucho acceso. Fui fijándome en los títulos y los temas más recurrentes que le interesaban al propietario. Vi como cuatro ediciones diferentes de El Príncipe de Maquiavelo y de Fouché de Stefan Zweig. Y me impactaron los subrayados de ciertos consejos maquiavélicos que encajaban perfectamente con esa paranoia nacional provocada por los servicios secretos y los organismos de represión de la dictadura de los Castro. Pero, de pronto, sin proponérmelo, saqué de un estante un libro ‒más bien algo que debería aparentar a toda costa de que se trataba de un manual artesanal y casero, nada oficial‒ que no tenía fecha de impresión ni revelaba quién o quiénes tuvieron a cargo su autoría y edición y que estaba impreso en folios de muy mala calidad. Todo estaba cuidadosamente previsto para que jamás constituyese prueba alguna de que algo así fuese promovido por las altas esferas del Partido Comunista de Cuba. Su título era más o menos así: Cómo identificar y combatir a los distintos miembros de grupos religiosos. Yo tenía ante mis ojos una guía de métodos policíacos de persecución y un estudio de las tendencias filosóficas y religiosas con una explicación detallada de cómo podrían dañar a las ideas revolucionarias los discursos de los católicos, de los protestantes y de otras creencias. Pero a la vista de la opinión pública internacional, la Revolución se ufanaba de no perseguir ni condenar a ningún religioso.

Y por fin, ¿qué libro me llevé a mi casa? Pues, cualquiera: uno, quizás, que ya me había leído. Salí de allí asqueado pero, no obstante, satisfecho de cumplir con mi deber de profesor. Mi alumno ‒que era un buen muchacho y en nada se parecía a su padre‒ salió exitoso en su examen de Español ‒y también su hermana, quien no sé por qué razón estaba en el mismo grado y en otra escuela.

Con el tiempo, alguna fuente me reveló exactamente las funciones verdaderas de este funcionario que, por causa de esa infalible tendencia saturnina de la gobierno cubano, acabó cayendo en desgracia ante sus propios jefes y fue destituido de todos sus cargos y sacado de las filas del Ministerio del Interior y ‒claro‒ del Ministerio de Cultura. Todos estos insectos, todas estas ratas de cloaca, terminan así siempre: despreciados por aquellos a quienes sirven incondicionalmente. Los aldeanos que usurparon el poder y pisotearon la democracia en Cuba desprecian la cultura y no la quieren más que como mascarilla o como otra forma más de adoctrinamiento y en mucho le molestan los grandes talentos y sin embargo es harto el interés por sumarse fieles y almas bien abyectas.

En la biblioteca de esta sanguijuela, pude encontrar toda una bibliografía sobre psicología de las masas y mucho material relacionado con el control de los medios de difusión masiva y bastantes folletines metodológicos relacionados con el combate ideológico. En fin, encontré muchas herramientas para perfeccionar la coerción y represión de los intelectuales y hasta todo un arsenal de información consagrado al entrenamiento de agentes de la desinformación que deberían sondear y medir el estado de opinión del pueblo. Vi libros dedicados especialmente a profesionales que se encargarían oficialmente del enmascaramiento o distorsión de las verdades históricas y culturales. Era asqueroso todo aquello. Tan asqueroso y repugnante como su dueño y como todos los engendros del comunismo.
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domingo, 25 de octubre de 2009

LA FORMULA RELATIVISTA O POSMODERNA

Es simplón. Es pueril. Es de pubertad mental y de trasnochada adolescencia, negar las verdades universales y exigir de ellas exactitud y demostración de su existencia. Lo sustancial no es exacto ni inexacto ni cosa es que haya que probar o demostrar. Lo sustancial es sencillamente concreto ‒confluyente, compacto, sintético‒ y entraña pureza y universalidad. Nadie puede describir cómo era cada pollo usado para el caldo de pollo. Sólo sabemos de un sabor que revela lo esencial de esta ave comestible, su universalidad y pertinencia. Pollo, pues, son todos los pollos y ninguno es en particular. En tal caso, no estaríamos hablando de algo mesurable o tangible; por cuanto no se trataría de una verdad accidental sino de una verdad sustancial y mayor: el caldo o concentrado, el pollo concreto ‒no el particular o accidental. Se trata de la esencia o sustancia pollo. ¿Cómo demostrar la existencia del pollo concreto o cómo medirlo, describirlo, tocarlo? Es realmente muy primario confundir lo mayor y esencial con lo inferior y superficial o lo eterno con lo efímero. No se ha de rebajar al rango de lo relativo, y entenderlas de tal modo, las grandes verdades. Es simplón. Es pueril afirmar que hay tantas verdades ‒las grandes y las pequeñas‒ como experiencias humanas haya u opiniones; como si el amor o la virtud o la justicia y la moral fuesen algo tan relativo y dependiente de lo personal y caprichoso. ¿Cómo es que si hay cien personas, hay entonces cien conceptos de Amor o de Justicia? ¿Cien conceptos de Dios? Si tantas verdades hubiese como número de seres que las sustentan, el resultado sería la anulación de la verdad.

Los relativistas, en su puerilidad, defienden la cáscara de la manzana y no su sustancia; porque hay muchas cáscaras diferentes pero hay algo troncal y fijo que es esa sustancia que llamamos manzana. Hay muchas sillas y tantas como diseñadores y ebanistas haya o carpinteros pero una sola verdad esencial o nominal que conocemos como silla o sustancia silla. Ésta última concentra a todas las sillas que existieron, existen, existirán o pudieren existir. De ahí que esas verdades caprichosas, demasiado específicas, anecdóticas, privadas y accidentales no son en sí la verdad. Las verdades privadas son sólo eso, verdades privadas e intrascendentes. Y es que ¿qué es una verdad? Una verdad ‒en el sentido universal y trascendente‒ es una concreción. Pero no puede ‒no sabe‒ el de pensamiento relajado y refrescante, el de la mente perezosa y debilucha ‒más bien cobarde‒ lidiar con las verdades mayores porque estás conllevan a la parcialidad y el compromiso, a la contundencia y valentía. Entonces, dada su mediocridad y falta de arrojo y carácter, tiene sentido que el tonto, ante el asomo de las grandes verdades como Dios ‒ante la esencia y el fondo de la vida‒, se aferre a la formula relativista de que «cada cual tiene su verdad» o «esa es tu opinión y esta es la mía», dejando como secuela el vacío y la carencia más vergonzosa de criterio y convicción; lo cual es revelador de una profunda ignorancia.

Y bueno, ya todo el mundo sabe lo que significa aquello de políticamente correcto y esa cantidad de eufemismos en el lenguaje posmoderno y esa excesiva y casi mujeril cautela a la hora de referirse a ciertos hechos. De ahí la repetitiva muletilla de supuestamente, aparentemente o presumiblemente. Nadie se atreve a dar por sentado o concluido nada. Dado esto, no se puede esperar eficiencia en el lenguaje y sí largas y lamentables explicaciones, acotaciones, referencias, citas. Tal es la razón por la que afirmo que la peroración y el diálogo se han vuelto cada vez más incoherentes y aburridos. No hay más que leer ‒si eso es lectura‒ la parrafada del que quiere ufanarse de culturano, académico o gran intelectual tan viciada de citas a destajo y sacadas al pelo, referencias que son como anécdotas y constantes alusiones a lo efímero y accidental. El discurso relativista en nuestra lengua es cosa mal hilvanada y esconde grandes deficiencias a la hora de pensar y de decir y hasta pone de manifiesto la falta de conocimiento cabal de la gramática española de muchos articulistas y ensayistas apegados a esta moda. Lo que sí queda claro es el narcisismo y vacuidad de ciertos escritores afines a tal discurso. Pero no os asustéis y no sintáis que sois unos lectores ignorantes por no haber entendido ni papa después al leer uno de esos artículos de fanfarria y pompa. Y no lo habéis entendido por eso, porque no se entiende, porque el que redacta no sabe redactar ni usar los verbos como Dios manda; y ni tiene el propósito de ser entendido sino de manipular al lector con efectismos. Los hay, muchos así, escritorzuelos que hasta pujan algunos neologismos ‒palabras que ni el diccionario registra, vocabulario espurio que dé la impresión de tecnicista o académico. Éstos no dicen nada; porque nada tienen que decir y es que a la verdad universal y profunda la temen y la desestiman. Y rehúyen de la esencia, de lo sustancial y divino.

La mejor redacción es la que viene de lo auténtico y entrañable; del resultado de la síntesis, de la libertad y coherencia de nuestro espíritu y del conocimiento de lo universal y alto y no de la fórmula facilista del relativismo. El que tiene algo que decir, dice bien. Digamos que el que dice pero no dice o trata de decir o casi dice; porque es relativa ‒muy relativa‒ su verdad, entonces no dice bien, no puede decir bien.

Nada escribe el que escribe bajo el influjo ‒o el chantaje‒ relativista ni nada se concluye ni se describe ni se señala y ninguna noticia dan en verdad los noticieros ni los periódicos y a ninguna reflexión invitan ciertos ensayos. Y toda esta tendencia, como de ameba impostora, influye no sólo en la comunicación y el lenguaje sino también en esferas como la educación y la medicina. Ninguna clase da el maestro ‒a quien ahora se le llama facilitador y ya no es él aquella autoridad en el conocimiento sino alguien ‒más o menos entrenado‒ que invita a los alumnos a hacer proyectos investigativos y mucha tarea en la casa; sin que salga de su boca nada concluyente o parcializado, nada comprometedor. Tampoco ningún diagnóstico definitivo o victorioso ‒ni siquiera esperanzador‒ puede esperarse del médico o del mecánico porque teme ser inexacto o equivocarse y provocar en el paciente o cliente una demanda legal.

La contrición esta de moda y es como una peste que va enfermando a la sociedad e idiotizando a los jóvenes. El relativismo destroza la individualidad y fragmenta el yo y desestabiliza el carácter de los individuos; al punto de volverlos inseguros, temerosos y vulnerables e incluso los deja como a merced de los libros de autoayuda o de supuestas autoridades académicas o especialistas. A merced del consenso y las estadísticas y no de sí mismo, con lo cual provoca culpabilidad y repliegue. Se inmoviliza las facultades más inherentes y libérrimas del hombre.

Despertad: ¿No os habéis fijado que hasta el más estúpido e ignorante puede hablar ya dondequiera y lo que quiera ‒cualquier tema aunque no sepa de qué va‒; con tal sólo aplicar aquello de «esa es mi opinión.»? ¡Por favor!
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viernes, 16 de octubre de 2009

CARTA ABIERTA A MIGUEL ANGEL MORATINOS

viernes 16 de octubre de 2009

CARTA ABIERTA: Miguel Ángel Moratinos Cuyaubé
Excelentísimo Sr. Miguel Ángel Moratinos Cuyaubé
Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación
Con gran pena hemos conocido su proyectada visita a Cuba el próximo 18 de octubre. Un viaje que servirá para legitimizar, nuevamente, a un régimen que ejerce su poder ilegalmente y que de manera institucional priva a sus ciudadanos de todos los derechos civiles y humanos que España reconoce a los suyos.
No le vamos a pedir que interceda por nuestros presos políticos. Eso podría conducir a que el régimen le concediera graciosamente la libertad de algunos de ellos en un alarde publicitario de buena voluntad. Pero de nada serviría mientras las leyes que mandan a la cárcel hombres inocentes por ejercer sus derechos humanos y ciudadanos a la libertad de expresión y movimiento se mantienen vigentes. Sólo su derogación inmediata permitirá la liberación incondicional de los sancionados y prevendrá que nuevos atropellos ocurran en el futuro. Eso es lo que el pueblo cubano necesita y exige. Derogar los decretos que legalizan la esclavitud de los cubanos. ¿Estaría usted dispuesto a discutir este punto con el régimen de La Habana?
No dudamos que luego de su visita, como ha ocurrido en otros casos, se convierta usted en abanderado de la eliminación del embargo estadounidense. Sólo le recordamos que el desastre económico y social de Cuba poco tiene que ver con esta sanción impuesta por un gobierno soberano a un régimen que confiscó sin compensación las propiedades de sus ciudadanos en Cuba. Por cierto, también robó entonces la de los españoles y, no lo dude, en cualquier momento puede volver a suceder. La eliminación del embargo debe ir acompañada de la restitución al ciudadano común del derecho a comerciar con todo el mundo, dentro y fuera del país. Abogar porque Estados Unidos otorgue créditos al régimen para que pueda pagar a los ciudadanos que usted representa no es suficiente. El prestigio de España merece una postura digna y honorable de principios éticos, mucho más importantes que las ambiciones empresariales de algún poderoso grupo. Ignorar los derechos fundamentales del pueblo cubano a ejercer su libertad económica para generar su propia riqueza es, cuando menos, hipocresía por no decir infamia.
Comprendemos su negativa a recibir a la oposición. Los grandes intereses económicos del pueblo que representa le obligan a no molestar al régimen de los Castro recibiendo a quienes no comparten la ideología oficialmente impuesta por el partido único. Los mismos intereses que soñando con las posibles ganancias de un mercado virgen, han ayudado a sostener económicamente al régimen, han contribuido a prostituir nuestra juventud, han aceptado pasivamente el apartheid de nuestros nacionales y han fomentado la servidumbre laboral aceptando empleados impuestos por organismos oficiales en calidad semi-esclavos.
Nuestro pueblo, Sr. Moratinos, sigue amando a España, su Madre Patria. Pero también ama la libertad como ha demostrado el sublime plebiscito de su martirologio, como diría en 1873 el más grande de los cubanos, José Martí, ante la recién constituida República Española:
Entiendo, al fin, que el amor de la mercancía turbe el espíritu, entiendo que la sinrazón viva en el cerebro, entiendo que el orgullo desmedido condene lo que para sí mismo realza, y busca, y adquiere; pero no entiendo que haya cieno allí donde debe haber corazón.
Proyecto Civico Cubano
Congreso Virtual Internacional
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ESTE BLOG APOYA LA INICIATIVA DE PROYECTO CIVICO CUBANO

DESDE EL CONGRESO VIRTUAL INTERNACIONAL

Friday, October 16, 2009

UN PROYECTO QUE VA A SALIR EN LA TARDE
Proyecto Civico Cubano
Ante la próxima visita del canciller español Miguel A. Moratinos a La Habana, creemos que ha llegado la hora de iniciar el proyecto nacido de las discusiones y comentarios del Congreso Virtual Internacional contra el totalitarismo. Por eso, hemos elaborado el borrador de una carta abierta que le adjuntamos, no como expresión de un grupo, asociación o movimiento sino para que la Nación cubana, en parte esclavizada en la isla, en parte dispersa por todos los rincones del planeta, levante su voz ante quienes continúan respaldando como legítimo al régimen de La Habana.
Y estamos solicitando la cooperación de los promotores de este Congreso en la revisión de su texto y sugerencias sobre adiciones o eliminaciones necesarias. Pretendemos hacerla llegar a la mayor cantidad de organizaciones de la isla y el exilio y a la mayor cantidad de cubanos individualmente. A todos pediremos su respaldo a esos planteamientos. Si tienen alguna sugerencia, por favor, déjenosla saber lo antes posible, porque el tiempo apremia.
Gracias nuevamente por esa tribuna que han abierto,

FREEDOM FLIGHT

FREEDOM FLIGHT
por ANGEL PEREZ pintor cubano-americano